Entender Londres, un cóctel a la vez

Una ciudad que se entiende mejor desde la barra

Por Óscar Peña

7 min

Nunca había considerado Londres como un destino de coctelería. Por alguna razón, la ciudad no figuraba entre mis prioridades en ese sentido, y no la tenía en el radar como una escena particularmente relevante. Ese viaje, sin embargo, terminó cambiando por completo esa idea.

Había viajado a Londres para visitar a un amigo y, sin planearlo, mi estadía coincidió con London Cocktail Week. Más allá del evento, lo que realmente importó fue que me abrió la puerta para explorar la ciudad desde otra perspectiva. Teniendo mi propio bar, entendí que era una oportunidad que no podía dejar pasar. Me registré y dediqué los días siguientes a recorrer tantos bares como fuera posible, con la intención de observar, probar y entender de primera mano lo que estaba sucediendo en la escena londinense.




Un inicio experimental en Bar With Shapes for a Name

Comencé en uno de los bares más influyentes y experimentales de la ciudad, The World’s 50 Best Bars. El espacio, minimalista y casi clínico, se sentía más como un laboratorio que como un bar tradicional, una declaración clara de su intención.

Los cócteles reflejaban ese mismo enfoque. Ingredientes como el ruibarbo convivían con técnicas como clarificaciones y fat-washing, ejecutadas con una precisión impecable. Más que buscar sorprender por exceso, todo estaba medido y en equilibrio. Fue uno de los conceptos más sólidos que encontré en Londres, y una experiencia que confirmó hasta qué punto la coctelería puede operar con el mismo rigor y lenguaje que una cocina contemporánea.

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Clásicos impecables en Satan’s Whiskers

Esa misma noche decidí moverme hacia una propuesta más enfocada en la tradición. En Satan’s Whiskers encontré una coctelería directa y sin pretensiones, donde la técnica y el respeto por el canon lo eran todo.

Pedí martinis secos y un Vesper, el clásico vinculado al personaje de James Bond. Cada bebida llegó a la temperatura exacta, con dilución precisa y una ejecución impecable. No había artificios ni intervenciones innecesarias, solo equilibrio, control y claridad en el propósito. Fue un recordatorio de que la coctelería clásica, cuando se hace bien, no necesita reinventarse para seguir siendo relevante.

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Colaboración entre The Vault y Little Red Door

Al día siguiente decidí enfocarme en las colaboraciones. La primera fue entre The Vault, un speakeasy escondido dentro del icónico The Ned, y uno de mis bares favoritos, Little Red Door.

El espacio, ubicado dentro de una antigua bóveda, aportaba una atmósfera íntima y contenida. La carta presentada por Little Red Door, inspirada en la agricultura francesa, destacaba por su profundidad conceptual y técnica. Un cóctel de remolacha, Armagnac y ajo negro ofrecía capas terrosas y bien definidas, mientras que otro, con sorgo, lavanda y coñac, mostraba un perfil aromático complejo y bien resuelto. Sin embargo, la formalidad del entorno cambiaba la experiencia. Es un concepto que, en mi opinión, se entiende mejor dentro de su propio espacio en París, donde su identidad se expresa con mayor naturalidad.

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Ice Cream Panda Party en Archive and Myth junto a Panda & Sons

La siguiente parada fue en Archive and Myth, un speakeasy ubicado dentro del Hippodrome Casino, que recibía como invitado a Panda & Sons. El concepto, titulado “Ice Cream Panda Party”, fue uno de los más creativos que encontré durante el viaje.

Todos los cócteles incorporaban helados artesanales desarrollados por el propio equipo. El Malted Affogato fue el más memorable, con whisky, espresso, cebada malteada, helado de coco y tonka, logrando una textura envolvente y un perfil indulgente. Aunque varios tragos tendían hacia lo dulce para mi preferencia personal, el ambiente era inmejorable. Vinilos, obsequios, posavasos intervenidos, orejas de panda y un sentido del humor bien ejecutado construían una experiencia coherente y memorable. En términos de creatividad, fue uno de los puntos más altos del recorrido.

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Encuentro entre Sips y Lyaness

Un par de días después, tras darle un necesario descanso al hígado, continué con la colaboración entre Sips, reconocido entre los mejores bares del mundo, y Lyaness.

El lugar estaba completamente lleno, pero aun así logré probar tres cócteles. La ejecución visual y el concepto eran impecables, con una estética cuidada y contemporánea. Sin embargo, en sabor, las bebidas se sentían más contenidas de lo que esperaba. Mi favorito fue el Sauterne Alike, con whisky, licor de flor de saúco, jerez y albaricoque, bien estructurado y elegante. Aun así, esta experiencia reforzó mi interés por visitar Sips en Barcelona, donde su propuesta puede entenderse en su contexto original, sin las limitaciones de un formato itinerante.

Fiesta porteña en Tres Monos junto a Seed Library

La última colaboración que visité fue entre Tres Monos, reconocido como uno de los mejores bares de Sudamérica, y Seed Library. Terminó siendo, sin duda, mi experiencia favorita.

Llegamos temprano con varios amigos salvadoreños y probamos toda la carta mientras conversábamos con las bartenders invitadas desde Argentina. El ambiente era abierto y festivo. Nos tatuaron con su logo, nos regalaron posavasos y bebimos de la famosa “Copa de fútbol de Buenos Aires”, en un gesto que borraba cualquier formalidad entre barra y cliente.

Mi favorito fue el Matetini. Para entonces ya era evidente mi inclinación por los martinis. Estaba hecho con ginebra, vermouth blanc, jerez, Savoia Orancio, manzana verde, suico y yerba mate. Era un cóctel firme, bien integrado y con una identidad clara. Uno de esos tragos que permanecen en la memoria.

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Los bares emblemáticos de Londres

Después de las colaboraciones, me enfoqué en visitar algunos de los bares más representativos de la ciudad, aquellos que han definido el estándar de la coctelería londinense.

The Connaught Bar

Probablemente el bar más elegante que he visitado. Fuimos en grupo y probamos varios cócteles, aunque inevitablemente terminamos pidiendo martinis.

El famoso carrito de martinis es una experiencia en sí misma. Elegí perfumar el mío con tonka, atraído por sus notas cálidas y envolventes. El resultado fue impecable. La temperatura, el aroma y la ejecución estaban en completa armonía. Hasta hoy, sigue siendo el mejor martini clásico que he tomado.

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Scarfes Bar

Ubicado dentro del Rosewood London, es un espacio que combina jazz en vivo con una propuesta sólida de coctelería contemporánea. La experiencia fue muy agradable, especialmente por el ambiente, aunque en términos de sabor hubo otros bares que dejaron una impresión más profunda.

Un cierre memorable en Tayer + Elementary

Dejé el final del recorrido para Tayer + Elementary, que terminó convirtiéndose en mi bar favorito de Londres.

En Elementary probamos un Boulevardier de frambuesa y un Old Fashioned de maple y nuez. Eran excelentes, aunque dentro de un lenguaje reconocible. En un momento notamos que algunos clientes entraban por una puerta discreta. Preguntamos y, poco después, nos guiaron hacia Tayer, la sección más experimental.

Ahí la coctelería se mueve en un territorio cercano a la perfumería. Ingredientes como bergamota, oud o tabaco se presentan sin exceso, pero con una claridad y un control excepcionales. Fue la experiencia más creativa y estimulante de todo el viaje.

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Lo que entendí sobre mi paladar

Durante mucho tiempo pensé que el problema era mío, que quizá no me gustaban los cócteles tanto como creía. Pero Londres me ayudó a entender que no era desinterés, era afinidad. Mi paladar no busca complacer, busca estructura, tensión y claridad. Sabores secos, definidos, sin adornos innecesarios. Como muchas cosas en la vida, no era falta de gusto, era cuestión de encontrar el lenguaje correcto.

Y el martini fue la confirmación definitiva. No intenta caer bien, no se disfraza y no ofrece concesiones. Es frío, honesto y exige atención. Es el tipo de cóctel que, cuando finalmente lo entiendes, también te entiende a ti. Porque al final, todos tenemos un martini. Ese gusto que no necesita validación, que no cambia según el lugar y que, una vez que lo aceptas, se convierte en una forma silenciosa de saber exactamente quién eres.

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